“Ante los robots, más corazón y menos cerebro”-La Vanguardia

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¿Cómo podemos afrontar los exigentes retos laborales que implica la digitalización de la economía? ¿Estamos abocados a un mercado de trabajo cada vez más desigual y precarizado? ¿Podremos competir en un futuro no tan lejano por un puesto de trabajo en una economía robotizada? No seré yo quien diga tener una respuesta inequívoca a tan complejas cuestiones, pero desde hace unas semanas sí que tengo claro los mimbres que la formarán. Y todo gracias a un viaje de estudios a la Sloan School of Management del Massachusetts Institute of Technology (MIT) enmarcado un programa organizado de forma extraordinaria por la Fundación Rafael del Pino en el que tuve la inmensa fortuna de participar.

Allí, una veintena de emprendedores y ejecutivos de empresas españolas pudimos debatir sobre los retos de la economía digital y confrontar nuestras conclusiones con los mejores profesores y expertos del MIT. Sin duda, toda una lección magistral de innovación y visión internacional, dos factores clave para tener éxito hoy en día en cualquier aventura empresarial.

Y una de las reflexiones que me regaló la estancia para responder a las inquietudes planteadas tiene mucho que ver con la necesidad de la formación continua de nuestros jóvenes, pero desde una perspectiva holística. En el MIT estudiantes de toda condición y de cualquier parte del mundo coinciden en un entorno extraordinario para fomentar no solo su desarrollo académico, sino también personal, físico, espiritual, profesional, actitudinal… Son jóvenes a los que se da por descontado su gran “cerebro” -un gran talento y currículo académico-, y se les incentiva para desarrollar su “corazón”: la capacidad de esfuerzo y sacrificio, el espíritu de colaboración, el trabajo en equipo, la generosidad, la empatía, la determinación, la amplitud de miras, la vocación emprendedora… Principios fundamentales para el desarrollo de cualquier profesional del x. XXI, sin ningún tipo de miedo ni prejuicio para afrontar los retos cambiantes de la economía digital, los avances tecnológicos y la globalización.

En el sector en el que trabajo, el financiero, estamos viviendo sin ningún tipo de duda una profunda revolución y necesitamos profesionales altamente cualificados en un sentido amplio del término. Perfiles tecnológicos y no tan tecnológicos (matemáticos, físicos, economistas, abogados…), que puedan dar respuesta a las demandas de las nuevas economías digitales y tengan asumido la necesidad para adaptarse y reciclarse continuamente. En estas nuevas empresas digitales se agrupan profesionales muy preparados académicamente y con perfil internacional. Pero lo más importante, con una visión global del negocio y de la época de cambio que vivimos y con unas aptitudes muy concretas: solidarios, con ganas de aprender y de trabajar en equipo, y sin miedo a explorar y renovarse cada día. Es una nueva forma de entender el trabajo, de asumir las dinámicas del nuevo mercado laboral que se abre paso y eso es exactamente lo que el MIT fomenta en sus alumnos: una gestión del talento que permite extraer lo mejor de sus alumnos para impulsar un desarrollo personal y profesional que no se va detener nunca si es que quiere estar conectado al exigente panorama laboral que se avecina.

En Digital Origin, ingenieros e informáticos conviven con perfiles profesionales de lo más variado: desde matemáticos o físicos, que trabajan en Big Data, financieros que conocen bien el negocio bancario hasta profesionales de marketing y comunicación digital con capacidad analítica o abogados expertos en compliance. Perfiles híbridos y proactivos que se reciclan, adaptan y asumen la transversalidad de su trabajo, sin prejuicios.

En España, contamos con excelentes escuelas y universidades, que han dado sobradas muestras de su capacidad para preparar nuestros “cerebros”. Pero ante este panorama, es muy importante que nuestros sistemas educativos refuercen también el desarrollo del “corazón”, un campo en que tenemos un amplio camino por recorrer, empezando por la introducción generalizada del concepto de inteligencias múltiples en las escuelas. Si queremos tener oportunidades en el mercado laboral que se nos avecina necesitamos fomentar competencias básicas como la capacidad de adaptación, la creatividad, la comunicación, el impulso transformador y el espíritu de superación.

Por mucho que desarrollemos nuestro cerebro, jamás podremos competir con un robot ejecutando órdenes. Pero ni los más atrevidos escritores de ciencia ficción sueñan con ver un androide emocionarse.

Lee el artículo completo aquí: https://www.lavanguardia.com/opinion/20170718/424193630278/ante-los-robots-mas-corazon-y-menos-cerebro.html